El hombre y la cartografía de su entorno


En el universo del arte han gozado de especial admiración aquellos autores que, a través de la investigación movida por una inquietud en la búsqueda de originales formas, han materializado su trabajo integrándolo en distintas corrientes artísticas con el uso de lenguajes diferentes o simplemente mediante el empleo de modos distintos de concebir los trazos, el grafismo, el color, etc., posibilitando nuevas sensaciones para un mismo concepto o modelo. Éste es el caso de Daniel Bilbao.

De la contemplación de la obra que nos presenta, es posible identificar dos vertientes expresivas perfectamente diferenciadas, que pueden llevarnos al equívoco de asociarlas a series de trabajos inconexas, sin lazos de unión entre sí, pertenecientes a épocas distantes.

Esta vocación alternativa del arte de Daniel Bilbao, quizás movida por solicitudes emotivas y estéticas variadas y que va, en este caso, desde la proximidad del dibujo academicista de la figura humana hasta el expresionismo abstracto de las cartografías, poseen puntos de coincidencia, que han de confluir en la síntesis de hombre y espacio.

En la colección de figuras humanas, materializada con dibujos de grácil trazo donde se combinan negros y sepias, mediante recursos añadidos, hombres y mujeres suavemente difuminados, sin rostros, emplazados entre paralelos y meridianos de una cartografía de papel milimetrado. Es el hombre en una geografía abierta, dispuesta a asimilar los accidentes de un entorno próximo aún no logrado.

En las imágenes que configuran la serie Cartografías, el pintor sugiere un singular modo de ver la macro-geografía, resultado de la combinación de perspectiva con la visión amplia, distante e imaginativa de nuestro planeta y los principios que rigen el expresionismo abstracto. Es fácil reconocer líneas caprichosas que, en la frontera de la costa, producen el encuentro de tierra y agua, ciudades afincadas en las orillas de océanos, espacios geográficos surcados por líneas representativas de curvas de nivel, carreteras, tendidos eléctricos, puentes, etc., o el hallazgo sorprendente de un accidente orográfico singular.

En un paralelismo entre ambas, mientras que en las cartografías el hombre carece de dimensión, se desvanece, en la serie de figuras humanas sus rostros se hallan ocultos, ignorados en la anatomía de los cuerpos, sujetos a la más libre creación del espectador. Mientras que en las cartografías son atravesadas por líneas cuya precisión permiten imaginar cualquier hecho topográfico, ubicado abstractamente en una malla de meridianos y paralelos, las figuras humanas se asientan en la concreción de la cuadrícula que ofrece el papel milimetrado, símil próximo de aquella. Mientras los mapas de relieves que, bajo la interpretación ilusionada del artista, muestran la contemplación alejada de la tierra y el hombre pasa obligadamente inadvertido, en los dibujos de corte clasicista el autor trata de desvanecerlos, en un intento de diluir la imagen en el contexto de la normalidad de las líneas sobre las que se representan.

CARTOGRAFIA II - DANIEL BILBAO - 1996 CARTOGRAFIA I - DANIEL BILBAO - 1996 CARTOGRAFIA III - DANIEL BILBAO - 1996En mi opinión, nos acercamos a la obra de Daniel Bilbao en un momento importante de su quehacer, maduro en sus planteamientos y consagrado por los numerosos premios recibidos, trata de lograr la conexión perdida que entre hombre y entorno la muestra ofrece. Es posible que la evolución de su pintura conduzca a germinar una desconocida línea de trabajo, una nueva andadura donde el pintor busca incardinar al hombre en la geografía mediante su aproximación al entorno inmediato donde vive y sueña.

La grandeza de la obra de Daniel Bilbao se explica tras la contemplación de sus cuadros, que evidencian la misma inquietud que la del investigador en su cercanía al hallazgo.

ENRIQUE CARVAJAL SALINAS (Del catálogo Cartografías. Daniel Bilbao, pp. 3-4)

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